Hurly Burly

Hurly Burly Rey es una novela online publicada por capítulos donde puedes aportar tu granito de arena

Capítulo 5 Reunión de ministros

Estoy deliciosamente tumbado cuando alguien me zarandea y empuja.

–Yo no he sido, no estaba allí, soy inocente –grito sin saber exactamente donde estoy ni que ocurre.

Es Bugley, ha venido a despertarme. Ha traído una bandeja con el desayuno y la deja en la mesita. Abre las ventanas de la habitación y toda la luz del mundo inunda mis ojos. Estoy ciego.

–¿Qué hora es Bugley?

–Son las nueve de la mañana. Tiene una reunión de ministros a las diez, señor.

–Dios mío… ¿Por qué no se hacen las reuniones de ministros a las doce de la noche? Tendré que cambiar los horarios de todo el país.

Mi secretario no dice ni pío y sale corriendo de la habitación pensando que pueda estar hablando en serio.

Me siento como si me hubiera pasado por encima una manada de elefantes. Intento recuperar el sentido mientras desayuno en la cama.

La piedra me afecta de alguna manera insospechada. Ayer estuve demasiado sincero con la periodista, no es mi estilo precisamente. No sé si esto es bueno, quizás la exposición prolongada a la piedra sea perjudicial y me afecte de alguna manera que desconozco. Por un lado me protege, por otro lado me está cambiando. Será mejor que la use con moderación, mientras voy descubriendo sus poderes.

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Capítulo 4 El reportaje

Bugley, me comenta que ha venido a verme una periodista. Por lo visto quiere hacerme una entrevista para que los ciudadanos de Mutenrohi conozcan un poco mi biografía y mis planes de futuro.

–Debería mejorar su imagen de cara a la población. Me he tomado la libertad de llamar a una de las periodistas más influyentes. Así mismo he citado a un asesor de imagen. Llegará esta misma tarde al palacio.

–¿Un asesor de imagen?, ¿para qué?

El secretario mira al techo como si hubiese hecho la pregunta más tonta de toda la historia.

–Está bien, hablaré con ella.

Le sigo por los pasillos, porque todavía no me aclaro demasiado en este intrincado laberinto que es mi nueva casa.

Me presenta brevemente a la famosa reportera y permanece a nuestro lado como un perrito fiel.

–Me llamo Telma Parker –dice mientras me estrecha la mano con la misma decisión que lo haría un guerrero samurái.

–Bienvenida a mi pequeña mansión Real, Telma.

A mi lado ella es como una gigante, aunque no es difícil parecerlo, porque mido apenas un metro y medio. Tiene el aspecto de ser una persona inteligente y con carácter, aunque algo estirada. Como un valkiria morena de ojos negros. Viste de forma sencilla, con colores oscuros y ropa masculina que le da cierto aire ambiguo.

Nos sentamos encima de unos confortables sillones frente a una mesa de té. Bugley ha rescatado para la ocasión estos muebles de la piscina. Al parecer no es propio que las visitas se sienten en la cama.

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Capítulo 3 Espías en palacio

Bugley necesito guardaespaldas cuanto antes, me da la impresión que hay mucha gente interesada en acortar mi mandato a un fin de semana.

–Podemos proporcionarle una escolta de guardias de palacio –dice Bugley.

–Umm, preferiría guardaespaldas profesionales, los mejores. Cuesten lo que cuesten, no repare en gastos. La seguridad del Rey debe ser lo primero.

Bugley levanta una ceja con ironía, sin sonreír una pizca.

–Como desee, me encargaré personalmente.

–Y de paso que contraten también a los espías más cualificados.

–¿Espías, señor?

–Necesito saber que se cuece en Draconia, el país de los morlock. Estoy dispuesto a pagar el dinero que sea necesario, tráigame cuantos pueda.

–Tendrá la flor y nata del espionaje, señor.

El pequeño secretario se retira con su parsimonia acostumbrada.

Segundos después un personaje aparentemente inofensivo sale del armario y dice:

–Así que está dispuesto a pagar lo que sea necesario por un espía… pues estoy interesado.

–¿Quién es usted? ¿Qué hacía en mi armario? ¿Es acaso una polilla gigante?

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Capítulo 2: Los morlock

Estoy sentado en la mesa de Rey, mi mesa ahora, con la piedra en la mano y con sensaciones un tanto confusas. Llamo a Bugley, el secretario del Rey, o sea mi secretario.

–¿Quería algo señor …?

–Supongo que estarás al tanto de lo que ha ocurrido en los últimos minutos.

–Por supuesto, y tiene mucho trabajo por hacer señor –dice Bugley sin inmutarse.

–Antes quería preguntarte por la piedra verde, el antiguo Rey no me ha explicado nada sobre su uso.

Mi secretario permanece mudo unos segundos, por lo visto es su costumbre, cuando escucha alguna pregunta demasiado obvia para ser respondida.

–Señor no sé nada sobre su uso. Deberá descubrirlo usted mismo. Quizás si usted hubiese llegado un poco más pronto el anterior Rey le hubiera podido dar algún consejo –añade Bugley con sorna.

–¿No será peligrosa?

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Capítulo 1: El Rey

Hola soy Hurly Burly. Soy ladrón. Es una profesión un tanto arriesgada pero la verdad es que se trabaja muy pocas horas. Escogí este trabajo precisamente por eso. Podía haber sido panadero, abogado, tratante de ganado, cualquier cosa…, pero desde mi más tierna infancia llevaba impreso en cabeza la ley que me enseñaron en la escuela: la ley del mínimo esfuerzo.

Me dirijo hacia la casa del Rey, me ha citado para esta mañana, y aunque son las cinco de la tarde espero que me reciba. Es que nunca me levanto antes de las doce del mediodía. El Rey y yo somos viejos amigos desde el colegio. No hemos cambiado mucho desde entonces: él era el delegado de clase y yo le robaba el bocadillo, una relación interesante.

Por el camino me encuentro con un carrito de helados y como hace un calor de muerte decido comprar uno.

Junto al carro de los helados hay un pud-le:

–Si me compras un cucurucho te cuento tu futuro.

Todo el mundo sabe que los pud-le leen el futuro. A cambio siempre suelen pedirte cosas extrañas: un pétalo de flor de Onís, una gaita escocesa, la foto de tu novia…

Este era un pud-le goloso.

–Muy bien te compraré uno.

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¡Hola Hurly Burly!

Arrancamos este libroblog, o lo que sea, para gusto y deleite de quien lo merezca. La idea es ir publicando un capítulo semanal, aunque para abrir boca se publicará esta semana cada dos días.

Por lo demás las reglas para colaborar están tan abiertas como vuestras propias fronteras mentales: podéis  comentar, corregir, opinar,  hacer dibujos, música o aspavientos inspirados en la obra; en definitiva hacer todo aquello que bien sepáis para colaborar y mejorar esta magna obra por entregas.

Por hoy esto es todo, a continuación el primer capítulo.